sábado, 6 de enero de 2018

Epifanía del Señor

 
Los Reyes Magos, Rávena.
      El acto principal de salvación fue el nacimiento. Nadie puede decir qué día nació Dios de Santa María siempre Virgen. Por ese motivo algunas confesiones, como la ortodoxa no celebran la Navidad, pero sí la Epifanía, el día en que los Reyes Magos adoraron a Dios hecho hombre, el día de su presentación al mundo. Oro, mirra e incienso sus regalos-símbolo.
     Emulando aquel acto importantísimo para el mundo, existe la tradición de dar regalos a nuestros seres queridos y cercanos; de tal modo se extendió la tradición que tras la paganización de la humanidad occidental se ha seguido llevando a cabo dicha tradición. Hay que reconocer que el dar regalos un día concreto no es un hecho cristiano, pero el hacerlo el día de la Epifanía sí. De ahí que para los cristianos nos sea grato poder repetir aquel gesto con aquellos que nos rodean.
     Este año he regalado a los más cercanos: padres, hermano y novia, y he colaborado con los regalos de sus padres. Para mi padre la Guía Peñín de vinos, para que mi padre pueda guiarse entre la gran cantidad de vinos que tenemos en esta tierra sagrada; además, ya que es un gran aficionado al bricolaje, le he comprado un atornillador con un soporte especial para no usar la mano sujetando el tornillo. A mi madre, un bolso que rompía bastante con los que tiene, un fular, un llavero y un bolso para guardar el maquillaje y poder llevarlo cuando viaja. A mi hermano, un libro: Los bosques ibéricos, un buen complemento para sus estudios de ingeniería forestal (seguro que se lo engulle), y dinero para ayudarlo con la empresa que está montando. A mi amor le he regalado por partida doble, pues para su cumpleaños tenía los bolsillos vacíos y no pude hacerle ningún detalle: le he comprado los cómics que le faltaban para completar una colección de Wonder Woman, una caja con dos muñecos: Batman y Superman, sus primeras miniaturas de un juego de batallas con miniaturas, un póster y chucherías .
     A mí me han regalado algo de ropa, unos libros, un almanaque casero muy chulo, con referencias a la mitología nórdica y a Hijos de la Anarquía (serie), dinero para comprarme el juego ¡Sí, Señor Oscuro! y un tocadiscos portátil. Estoy muy contento. No esperaba tanto.
     Al final, lo que más se valora en este día no es la calidad y cantidad, sino el esfuerzo y el interés. Nunca he querido recibir ni hacer regalos por el simple hecho de regalar. Lo interesante, lo valorable de verdad, es que la persona desee y se haga feliz. El almanaque casero que me han regalado está hecho en procesador de textos, en un rato, imprimido y plastificado, el más barato y el más bonito. Un maestro que tuve nos dijo una vez que nos había regalado unas chucherías: es más feliz el que regala que el que recibe. Así es. Al margen de creencias (aunque las que dieron pie a la tradición del día de hoy sean importantísimas), el valor que adquiere el gesto de intentar dar algo de nosotros (el esfuerzo que puede suponer un gasto del dinero ganado con nuestro trabajo) a alguien sólo por el amor que le profesamos es incalculablemente mayor que el propio esfuerzo que cueste, sea el de una naranja o el del coche más caro. Ni el objeto más caro superará el valor de lo que se hace por amor.
     Pero, retomando el comienzo del artículo, quiero acabar con el recuerdo de que precisamente fue el Amor quien nos trajo aquí, y es por él por quien hoy nos regalamos. Espero, de todo corazón, que hoy alguien se haya acordado de vosotros.


In You, I Have Taken Refuge
Never Let Me Be Put To Shame
As You Are Righteous Rescue Me And Save My Life
Hear Me And Set Me Free
Be A Rock Of Refuge For Me,
Where I May Ever Find Safety At Your Call
For You Are My Towering Crag And Stronghold
O Lord , Keep My Life Safe From The Wicked

You Are My Hope, O Lord, My Trust, O Lord, Since Boyhood
From Birth I Have Leaned Upon You
My Protector Since I Left My Mother's Womb

Let All My Traducers Be Shamed And Dishonored
Let All Who Seek My Hurt Be Covered With Scorn
But I Will Wait In Continual Hope
I Will Praise You Again And Again
All Day Long Your Righteousness, Your Saving Acts,
Shall Be Upon My Lips
You Shall Ever Be The Theme Of My Praise
Your Righteousness, Yours Alone

You Are My Hope, O Lord, My Trust, O Lord, Since Boyhood
From Birth I Have Leaned Upon You
My Protector Since I Left My Mother's Womb

For You Have Done Great Things
Who Is Like You?

sábado, 16 de diciembre de 2017

mi experiencia durante el primer trimestre y una disculpa

     Todo este parón que está presentando el blog no es ni más ni menos que consecuencia de mi nueva vida laboral. Desde septiembre estoy trabajando de profesor de lengua y literatura en Chiclana de la Frontera, haciendo una sustitución que no sé cuánto durará.
     La sesión es, sin duda, agridulce. Es dulce, dulcísima, porque por fin estoy ejerciendo de lo que más deseaba, en la instrucción de los jóvenes que como yo fui, estaban necesitados de alguien que alguna vez les echara una mano con la formación y su crecimiento personal a través de la cultura. Por fin estoy compartiendo de un modo reconocido por el Estado mis conocimientos y mis vivencias, aprovechando la mínima experiencia que traía para que los alumnos puedan aprender del modo más coherente y útil posible.
     Pero también he dicho agria. Y es que la experiencia tiene mucho de agrio cuando ves que tu empeño en que aquellos que menos trabajan lo hagan más, se va al garete (o lugares más escatológicos). Cuando no eres nadie en el aula, solo un tipo que va a complicarles la vida a los alumnos y no te ven, por el contrario, en aquella persona que dedica su tiempo al bien común, que es el bien de cada uno de ellos y de todos en común. Cuando todo el trabajo no tiene los resultados que esperabas.
     Esto tiene una consecuencia nada halagüeña. Sigo estudiando oposiciones, y todo el tiempo que debería haber aprovechado para estudiar se ha ido en preparación de clases. Al final la decisión ha sido que para el resto del curso me voy a dedicar más a mi futuro que al de mis alumnos. Ya tendré tiempo, cuando tenga mi plaza, de prepararme clases decentes.
     Entre otros hechos que quiero destacar estaría el de el cambio en la programación didáctica de Literatura Universal, en el que he hecho una modificación, dando teoría y práctica de poesía japonesa (haikus) e islandesa medieval, con lectura de la Edda Menor. Además de dar lo típico. Creía necesario enseñar a mis alumnos algo que controlo mejor que los temas académicamente instaurados y que además podría tener éxito, al ser algo poco conocido en los adolescentes (sobre todo la literatura islandesa). Aun no sé si he conseguido captar la atención de los alumnos con estos temas.
     En cuarto de ESO también he tenido algunas satisfacciones en cuanto al temario. He querido dar los tipos de texto a mi manera, sin atender lo que el libro quiere enseñar, unos contenidos sin pie ni cabeza y espero que los alumnos lo hayan captado.
     En definitiva creo haberme ratificado precisamente en eso, en que los libros de texto de la ESO son nefastos. Pero por cuestiones personales, no me queda más remedio que utilizarlos con intensidad en el segundo trimestre.

martes, 5 de diciembre de 2017

Homenajes a Manuel Ariza

Os dejo un par de enlaces. El primero es a la web de filología de la US (Universidad de Sevilla), en él se menciona dos exposiciones dedicadas a Manuel Ariza: la primera es en internet,  y el enlace directo a esa exposición digital es la siguiente:

https://www.scoop.it/t/exposiciones-bibliograficas-temporales-de-la-biblioteca-de-humanidades-universidad-de-sevilla/?&tag=Exposici%C3%B3n+Manuel+Ariza+Viguera 

La segunda exposición es física, en la biblioteca de Humanidades (la Dante) de la US. Toda la información está en el siguiente enlace: http://filologia.us.es/actividades/exposicion-homenaje-manuel-ariza/

Igualar a este profesor será imposible.

burocracia y pérdida de calidad en educación

Por problemas que no vienen a cuento aún no he podido terminar con mi promesa sobre publicar mi traducción del mito de Narciso de Ovidio. Lo haré. Pero me he encontrado con el siguiente artículo, publicado el 11 de junio de 2017 en eldiario.es  y necesito compartirlo con vosotros. El autor es Ricardo Chiva Gómez. Solo pido que si incumplo alguna ley de propiedad intelectual o lo que sea de alguna asociación de prensa que se me diga antes de cualquier problema. 

El artículo trata sobre cómo la insensatez en pos de la calidad en educación ha llevado a bajar los niveles de dedicación a lo verdaderamente importante, los estudiantes y la investigación. Es extrapolable a la Educación Secundaria. Ahora lo estoy sufriendo en mis carnes.

La gestión de la calidad o cómo acabar con la Universidad lentamente



La gestión de la calidad se ha extendido en el ámbito universitario español. Y si para muchos esto puede significar que la Universidad actúa correctamente ya que sus procesos ahora tienen la máxima calidad, es decir se hacen bien las cosas, la realidad es bien distinta.
La gestión de la calidad es un enfoque directivo desarrollado a mediados del siglo pasado que pone el énfasis en la mejora continua de los procesos dentro de las organizaciones. Si bien este concepto en sí mismo no es negativo, puede que lo sea su implantación o aplicación al mundo organizativo, o al menos resulte obsoleto.
Dado que la mayoría de empresas que acogieron esos planteamientos eran burocráticas, es decir centradas en el orden y que consideraban que era clave tener normas y reglas claras sobre cómo hacerlo todo en las organizaciones, o estaban centradas en el logro, la competitividad y la fijación de objetivos y estrategias, su implantación se llevó a cabo desde de dichas perspectivas. Y esto, ¿qué implicaciones tuvo? Pues que la gestión de la calidad se transformó en normas y auditorías de calidad.
En primer lugar, implicó e implica crear y explicitar normas y reglas para todo, y en segundo lugar en fijar objetivos y metas para cada equipo, departamento o persona en la empresa. En toda esta visión subyace el pensamiento de que no podemos confiar en las personas que trabajan en la organización; por eso debemos controlarlos, decirles lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo, y motivarlos "con la zanahoria", animándoles a marcarse metas, o marcándoselas nosotros, e incentivando su logro...
¿Hay algún problema con todo esto? En principio no, si lo que quieres y buscas es estabilidad, y si no quieres innovar o crear. ¿Por qué? Porque el establecimiento masivo de reglas sobre cómo hacer las cosas genera inflexibilidad, e impide la autonomía: ya que hay que hacer las cosas como se ha estipulado, y fijar objetivos impide centrarnos realmente en cómo hacemos nuestro trabajo; es decir, importa más la cantidad, que la calidad, paradójicamente.
Además, fijar objetivos y vincularlos a incentivos bloquea la innovación: a pesar de que numerosas investigaciones han probado que los incentivos individuales y de equipo no son recomendables con actividades intelectuales o creativas, porque bloquean el proceso y pueden incluso desmotivar, multitud de organizaciones y empresas siguen utilizándolas (muy interesante el vídeo TED de Dan Pink a este respecto: 'La sorprendente ciencia de la motivación').
Así pues, el problema surge cuando una institución como la Universidad, que debería ser la referencia de la innovación y la creatividad, se ahoga con estos planteamientos organizativos. Y para ello se crea un organismo como la ANECA, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, adscrita al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para salvaguardar la calidad de la Universidad, y se crean vicerrectorados o departamentos de calidad en cada una de las Universidades. Y todos ellos van extendiendo poco a poco la necesidad de fijar objetivos, metas, indicadores, acciones de mejora, estrategias, y la necesidad de controlar y vigilar a las personas o grupos, teniendo que demostrar continuamente que se han realizado determinadas actividades.
Todo ello genera una enorme inflexibilidad, dificultad y lentitud para hacer cambios, por ejemplo, en los grados y posgrados porque la ANECA y otros organismos internos de la Universidad deben ratificarlo y verificarlo todo; y genera una excesiva dedicación para preparar informes, documentos y actas en su mayoría inútiles, con lo cual el profesorado reduce alarmantemente su tiempo para mejorar la verdadera calidad de la docencia y la investigación.
En cuanto a este último aspecto, la investigación, ha quedado reducida fundamentalmente a maximizar las publicaciones en determinadas revistas, lo cual pone el énfasis otra vez en lo cuantitativo sobre lo cualitativo: no se trata de publicar trabajos rompedores o innovadores y que mejoren sustancialmente la sociedad, sino de conseguir muchas publicaciones en revistas de prestigio; lograr los objetivos, las metas. En cuanto al personal de administración y servicios, su situación es similar: normas, procesos, objetivos, meta e indicadores hasta el hartazgo.
Y entonces, ¿qué se puede hacer? ¿qué planteamientos directivos o de gestión existen en organizaciones que son innovadoras? En primer lugar, hay que decir que no se trata de erradicar por completo las normas o los objetivos, pero sí de reducirlos a su mínima expresión. De hecho, en su excelente artículo sobre Universidad y calidad, Enrique Moradiellos (El País, 3 de Marzo de 2016) considera que un "buen gobierno" implica procurar siempre la máxima simplificación de trámites administrativos y burocráticos. En segundo lugar, estos nuevos planteamientos huyen de la obsesión por el control; y para ello confían en las personas, en sus decisiones y potencial. En tercer lugar, se trabaja en equipos que se auto-gestionan, todas las personas tienen poder, responsabilidad y autonomía; todos pueden tomar decisiones.
Además, hay transparencia total, tal y como reclama también Enrique Moradiellos para la Universidad española. Y se trata de que la motivación intrínseca, y no la extrínseca ("la zanahoria") como ocurre ahora, se extienda por la organización y para eso las personas deben sentir que tienen autonomía, que aprenden y que su trabajo sirve para algo o aporta algo a la sociedad. ¿Podrían las comisiones de grados o posgrados tomar decisiones sobre los mismos y gestionarlos sin la existencia de la ANECA? ¿Serían esos equipos más flexibles, innovadores y creativos? Probablemente sí, y eso afectaría positivamente a dichos estudios y a los estudiantes.
¿Investigarían los profesores más o mejor si no tuvieran esas exigencias cuantitativas de publicaciones en determinadas revistas? En principio, y dada toda la investigación al respecto, sí. Además, alejados de incentivos y de pérdidas de tiempo en reuniones, actas e informes, la dedicación, creatividad y la innovación sería mayor. Y por lo tanto mayor sería la aportación a la sociedad, tanto a través de la docencia como de la investigación. Es hora pues de que la Universidad deje de lado planteamientos obsoletos de gestión y mire hacia nuevos modelos más conectados con la innovación y la creatividad, más propios del siglo XXI.

jueves, 31 de agosto de 2017

Narciso I. Narciso y Eco. Traducción propia.

P. OVIDII NASONIS
METAMORPHOSES
NARCISSUS. ECHO.
El más célebre por su fama[1], por las ciudades Aonias
daba respuestas irreprochables al pueblo pedidor.
La primera que admitió las pruebas de la confianza y de la sentencia valedera:
la azulada Liríope, a la que una vez, como río sinuoso,                                                 340
ciñó Cefiso y a la atrapada en sus aguas                                                                              5
arrastró con fuerza. Parió, la más hermosa, de su copado útero
a un niño, que por las ninfas ya entonces pudo ser amado,
y lo llama Narciso. Por este consultado: si fuese
a ver los tiemos largos de una ancianidad madura,                                                      345
el fatídico vate contesta: “si no ha de conocerse a sí mismo”.                                           10
Vana, largo tiempo, fue vista la voz del adivino: a aquella, el asunto
de la muerte hace creíble, así como el tipo de muerte y la novedad del desvarío.
Y como a tres veces cinco el cefisio[2] un año
había acumulado y había podido ser visto niño como joven:                                     350
a él, muchos jóvenes, muchas chicas desearon.                                                               15
Pero fue, en su belleza tierna, la soberbia tan dura:
ni jóvenes, ni muchachas lo tocaron.
Vio a este mientras movía angustiados ciervos a las redes
la ninfa de hermosa voz, que ni callar ante el que habla,                                           355
ni en primer lugar ella misma de hablar gustó, la resonante Eco.                              20
Un cuerpo hasta este momento Eco, no una voz, era; y, sin embargo, no otro uso
la charlante tenía de la boca, diferente al que ahora tiene:
podía imitar de muchos las más últimas palabras.
Hiciera esto Juno porque, pudiendo castigar                                                               360
a las ninfas que frecuentemente con Jove en el monte yacían,                                      25
aquella, inteligente, a la diosa largo tiempo retenía
hasta que huyesen las ninfas. Tras percibirlo la saturnia[3]
“de su lengua” dice, “por la que fui burlada, la utilidad
pequeña a ti te será ofrecida y brevísimo el uso de la voz”                                         365
y así confirma las amenazas: al fin esta, del final de lo que se dice,                            30
dobla las palabras y las palabras oídas devuelve.
Pues bien, cuando a Narciso por campos apartados vagando
vio y ardió, sigue las huellas a hurtadillas,
y cuando más persigue, la llama arde más íntimamente,                                         370
no de otro modo, que cuando al extremo de las antorchas                                         35
acercadas las llamas, los fogosos azufres untados arrebatan.
¡Oh! ¿Cuántas veces quiso acercarse con tiernas palabras
y usar súplicas delicadas? La naturaleza lo rechaza
y no permite que inicie. Pero, esto sí permite: aquella ha sido dispuesta                 375
a esperar sonidos a los que responde con sus palabras.                                              40
Casualmente, el chico apartado de sus compañeros por una marcha segura
dijera: “¿Hay alguien ahí?” y “¡Ahí!” respondiera Eco.
Este queda atónico y conforme mira a todas partes,
con gran voz grita “¡ven!”, aquella invoca al que invoca.                                            380
Miró atrás y de nuevo, sin que viniese nadie, dijo “¿Por qué                                        45
me rehúyes?” y otras tantas palabras, cuantas dijo, recogió.
Queda quieto y, engañado por el eco de las voces alternas,
dice: “¡Reunámonos aquí!” y nunca con más placer
disponiéndose a responder con sonido repitió Eco “¡Aquí!”,                                      385
y ella favoreció sus propias palabras y tras haber salido del bosque                            50
iba para echar los brazos al cuello esperado.
Aquel huyó y mientras huye: “Quita las manos de este abrazo,
dice, antes muriese que tengas para ti ocasión de nosotros”.
Nada repitió ella sino: “tengas para ti ocasión de nosotros”.          390
Despreciada, se esconde en los bosques y pudorosa, con las frondas su boca             55
oculta y desde aquel momento vive en grutas solitarias.
Pero, sin embargo, el amor se clavó y creció por el dolor de la repulsa.
Diluyen  las angustias sin descanso al cuerpo miserablemente
y contrae la piel la flacura y en aire la sustancia                                                             395
del cuerpo entero desaparece. Tanto la voz como los huesos quedan.                            60
La voz permanece, los huesos muestran haber contraído el aspecto de piedra.
Desde entonces se esconde en los bosques y en ningún monte es vista;
por todos es escuchada: el sonido es quien vive en ella.
Así, a esta, como a otras ninfas de las aguas o de los montes nacidas                          400
había este burlado, así a multitud de hombres antes.                                                        65
Por ello, alguno, despreciado, las manos a los cielos alzando
“¡Así ame él mismo pero sin apoderarse de lo amado!”
dijera. Conforme estuvo la ramnusia[4] con las justas peticiones.





[1] Tiresias, cuya metamorfosis se cuenta en versos anteriores.
[2] Narciso, como hijo de Cefiso.
[3] Juno, por hija de Saturno.
[4] La diosa Némesis, por su templo en Ramnonte.

Cualquier crítica a la traducción será bien recibida. Hay que tener en cuenta que no es un texto lírico propiamente dicho, ni he buscado hacer un poema en español (que está en proceso), sino una traducción del latín de la obra de Ovidio, en el que los tiempos verbales a veces son un poco caóticos y la métrica, de algún modo, le exige transformar la sintaxis y la morfología. Pero vaya por delante que no busco vuestra benevolencia. En breve publicaré la continuación del mito de Narciso.

VALE

jueves, 24 de agosto de 2017

Narciso y la melancolía

   
fuente: http://www.florespedia.com/Imagenes/narcisos-hd.jpg
     Agosto corre y ya huelo la melancolía acercándose por las esquinas del calendario. No hace muchas semanas me obsesioné en cierto sentido no  muy enfermizo con el mito de Narciso. Ya no sé por qué, pero buscando información sobre él, hallé que sus referencias en la literatura clásica no son muy extensas. Ojo, pudiendo mirar en Graves, me quedé en dos o tres páginas de internet, empezando por la deleznable Wikipedia, que sin embargo tiene, a veces, algo bueno: referencias a obras y enlaces a web menos deleznables. De este modo, alcancé una versión papirácea de Oxirrinco.
     Al margen del interés de este, para mí, hallazgo, quise traducir la versión ovidiana y tal he hecho. Entre otras obligaciones, sacaba tiempo para poco a poco ir desmadejando la sintaxis y los sentidos del texto latino. Hoy he dado fin a la traducción, ahora quiero darle forma legible más o menos bonita. No sé si la publicaré, no sé si alguien leerá este artículo o si sólo me responderá, cual Eco, el sonido de mis propias palabras en los comentarios. Si sólo hubiera una persona que quisiera leer mi traducción, la mostraría.
     El origen, sin embargo, de tanto trabajo, está en mi deseo de poetizar de un modo nuevo el mito. Quizás un epilio, con matices líricos y en un estilo propio, mío, en que la gente que lee mis poemas pueda reconocerme, pero a la vez sienta que un mundo antiguo, mítico, desaparecido se esconde entre los versos y la melancolía de un ser solo, enamorado de su reflejo aun en las aguas subterráneas tras su muerte, allá donde el rico Plutón tiene su magnífica hacienda, inunde el alma del lector caro.

martes, 4 de julio de 2017

las obras sobre Antonio Azorín, de José Martínez Ruiz (y la España negra, de Darío de Regoyos y Verhaeren)

     Cuando me disponía a escribir sobre Azorín, me fui de viaje y comencé a leer a Unamuno: Amor y Pedagogía y Tres novelas ejemplares y un prólogo. Eso me llevó a escribir un artículo sobre una de sus novelas ejemplares que me parecía interesante, ya que se podría aplicar lo que dice en el prólogo para entenderla mejor, de modo que pasara de ser una novelita mediocre a ser una obra muy intensa y con una lectura profunda muy trabajada. Ese artículo me llevó a darme cuenta del jugo que podría tener ese artículo, que iba a ser publicado en este blog. Actualmente el artículo tiene 13 páginas de word y no está acabado. De hecho, me estoy planteando publicarlo en una revista especializada o prepararla para comunicación en algún encuentro. Así que el blog ha estado parado, pero no yo.
     Voy a comentaros, eso sí, por quitarme el gusanillo de Azorín, lo que leí y algo de lo que aprendí.

     Cuando estás estudiando los apuntes de las oposiciones van apareciendo las obras de los autores y los apuntes, más mal que bien, te comenta brevemente dichas obras. Y aparecía La voluntad entre las de Azorín. Esta obra venía recogida como primera de una trilogía, la de Antonio Azorín. Me leí la novela y posteriormente (es costumbre que tengo) me leí la introducción. En ella se mencionaban dos cosas: por un lado, que junto con otras tres publicadas del mismo año, 1902, completaba la cuaterna de novelas más interesantes de la década por cuanto introducían un nuevo estilo en nuestras letras narrativas. Esas tres novelas eran Sonata de Otoño, de Valle-Inclán, Camino de perfección, de Baroja y Amor y Pedagogía, del susodicho autor vasco. Por otro lado, se decía que la trilogía de Azorín no era la que usualmente se había señalado, a saber, La voluntad, Antonio Azorín y Confesiones de un pequeño filósofo, publicadas sucesivamente en 1902, 1903 y 1904, sino que más bien, Diario de un enfermo, de 1901, sustituía a Confesiones..., y la argumentación era sólida, aunque incompleta. Visto esto, el siguiente libro que me leí fue Antonio Azorín, (quizás fue en su introducción donde leí esto último), a continuación Diario de un enfermo, por último leí Confesiones.... Podríamos atrevernos a considerar que las cuatro obras conforman una tetralogía, algo que no he leído en ninguna de las introducciones, aunque un argumento en contra sería el que Inman Fox nos plantea en una de las notas a pie de página: "Desde el punto de vista de estructura -de obra de arte- tiene muy poco que ver con La voluntad y Antonio Azorín. Si dejamos a un lado el elemento autobiográfico, parece ser más bien el libro que abre el ciclo de las colecciones de estampas: Los pueblos (1905), España (1909) y Castilla (1912)".
     La lectura de La voluntad fue deliciosa. Desde el punto de vista más subjetivo, el estilo entrecortado, moroso en las descripciones, de adjetivación muy trabajada, me iba encandilando. Lo percibía como una prosa con filones modernistas muy claros, sin ser lo que yo tenía en mi mente como una obra narrativa modernista, esto es, las Sonatas de Valle-Inclán. Nada que ver con eso, pero a la vez, se podía sentir cierta hermandad en el trabajo verbal. En cuanto a la historia, nada que ver con el siempre venerable en su ancianidad marqués de Bradomín, pues aquí estamos ante un señor joven, sin nada que ofrecer, excepto lo que ven sus ojos y sus oídos atienden. Como comenté en la microcrítica que publiqué en instagram, es "impresionista y fragmentario", con "descripciones y reflexiones llenas de pesimismo", "un estilo muy interesante y una estructura de carácter artístico donde se pasa de lo más amplio y externo a lo más concentrado e íntimo del protagonista".  No puedo negarlo: las obras en las que el pesimismo y la melancolía prevalecen me atraen tanto que quizás por eso disfruté la novela de un modo intenso. El hecho de que al protagonista no le ocurra nada (alguna muerte cercana no supone apenas cambio en el protagonista, más allá de más reflexiones pesimistas) es otro detalle que me gustó. Quizás porque es la novela de la persona real, es quizás la menos ficticia de las novelas que he leído. Un personaje a la que no le ocurre nada, como a nosotros prácticamente, pero que además está afectado por una abulia desmesurada que provoca que su vida sea inmóvil y evite, así, que le ocurran cosas. Los pocos viajes que realiza son solo pretextos para la reflexión. Como dice Inman Fox en la introducción: "Queda constatado que [Antonio Azorín] es el personaje principal que da motivación, tema y unidad a la novela, pero es un personaje a quien no le pasa nada, a quien le falta una vida exterior, una "historia". Y a continuación sigue: "La experimentación es atrevida, y Martínez Ruiz, en busca de la nueva forma, se plantea problemas difíciles de novelística". Estos problemas son precisamente, cómo solventar el asunto, el llevar a cabo una novela sin "historia" y lo que hizo que la novela me resultara tan atractiva.
     Sobre Antonio Azorín,  cuya denominación "novela" ponía en duda cuando realicé la microcrítica pertinente en Instagram dije: "llena de contemplación y sensibilidad por un lado, cercano en eso al modernismo estético, y cercano al noventayochismo en su actitud más analítica y crítica de la profundidad castellana". Casi que con eso estaría todo comentado en este blog, pero aquí fue donde residió la confirmación total de lo que siempre había estudiado, pero no comprendido. Comprendido en el sentido de comprobado y asimilado racionalmente. Resulta que estaba experimentando en mis mientes que, efectivamente, seccionar la pléyade en modernistas y noventayochistas no se patentaba en la realidad. Estaba observando que el quizás fundador del 98 tenía una prosa modernista que nada tenía que envidiar a Darío. Efectivamente, no escribía sobre nenúfares y nelumbos, águilas reales y princesas en torres de marfil, hablaba del hastío y la hiperestesia de un enfermo de vida, en tierras murcianas, alicantinas y castellanas, pero de un modo que perfectamente podría haber utilizado para hablar de nenúfares y nelumbos. La discusión, por otro lado, de la trilogía, efectivamente ahora que lo ojeo, se debate en la introducción de Antonio Azorín, en la que Inman Fox nos argumenta que "Diario de un enfermo, La voluntad y Antonio Azorín son distintas versiones de la misma obra cuyas diferencias radican principalmente en la momentánea sensibilidad del autor, en que la influencia del paisaje (Madrid, Yecla, Monóvar) no tenía poco que ver, y en los problemas que cualquier artista tiene al decidir cómo debe escribir su novela". Como digo, es una introducción en que uno de cuyos puntos principales es esta argumentación. Pero creyendo que tiene razón o que puede tenerla, la lectura de estas obras se enriquecen y el disfrute en la miseria del protagonista se amplía por el regodeo en nuestra lectura. Eso sí, ya aviso que no cuenta lo mismo, sino que cuenta momentos sucesivos. Es decir, es la misma obra en cuanto a intención, no en cuanto a "historia".
    Esta entrada iba a tratar sobre los conceptos de los que tratan estas obras: vida, voluntad, inteligencia. Cómo hay una cosmovisión intelectualizada del ser humano y se aplica en la novela. Sin ser novelas de tesis, son novelas que presentan una vida, una voluntad, consumida por el estancamiento, estancamiento que produce la ardiente vida intelectual y reflexiva que lleva, pero de la que parece arrepentirse; en su juventud y casi madurez plena hubiese preferido ser más vivo y menos intelectual, no haber dejado morir su voluntad a expensas de su mente. Es tan evocador que es imposible no empatizar con sus reflexiones. Sobre esto iba a hablar en esta entrada, pero no tomé notas y ha pasado tanto tiempo que requeriría una relectura que ahora no puedo permitirme. Así que sigamos con las obras.
     A continuación leí Diario de un enfermo, novelita en forma de diario. La novelita en sí es interesante si se lee contextualizada dentro de la serie de Azorín. Ya está presente todos los ingredientes que aparecen en las otras dos novelas (y no olvidemos que la fecha de redacción propuesta es la de Antonio Azorín, es decir, se escribieron a la vez). Sin embargo, en esta ocasión quiero destacar la introducción de la novela en Cátedra, realizada por Montserrat Escartín Gual. Esta introducción es una introducción extensísima, dos tercios del libro lo ocupa dicha introducción. Se detiene sin escrúpulo en las decenas de aspectos estilísticos del autor, y ya no sólo en Diario..., sino en su producción literaria más general, así como también se demora en aspectos relacionados con la literatura modernista y la actitud noventayochista. Aquí terminé de comprender el modernismo de Azorín, ayudado por las citas, las reflexiones, la docencia teórica que se realiza en la introducción sobre estos aspectos: autobiografísmo, periodismo, prerrafaelismo y la enfermedad, egotismo, impresionismo...  No sé cómo serán las demás ediciones de la obra en otras editoriales, pero aquí, sin duda, hay un crisol muy edificante.
     Por último, adquirí una edición antigua de Confesiones..., en Austral. Sin más introducción que el prólogo del propio Azorín autor. Es una obra que como bien hemos indicado antes, se aleja de lo anterior, aunque siempre ha sido incluída en la trilogía. Aquí el autor y el narrador coinciden, parecen reflexiones de José Martínez Ruiz, evocando la infancia, en tono filosófico-poético. De hecho, la publicación del libro se hizo dentro de la serie verde, la de filosofía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que aquí ya no se nos presenta Antonio Azorín personaje, como en las dos anteriores y ya no hay una identidad en intención del autor con respecto a las obras anteriores (y, a pesar de yo siempre rechazar la "intentional fallacy" de la nueva crítica, en este caso es útil para organizar la obra azoriniana).
     Podemos encontrar en estas obras, un preaviso de la vanguardia de los años 20, con una atención al detalle, al objeto exterior. Sólo que aquí la descripción, en estilo, es modernista, mientras que en aquella era intelectual, depurada de los excesos morosos que en Azorín sí encontramos. Puedo decir, para terminar y como resumen, que con Azorín no sólo he disfrutado de leer, que no siempre ocurre, sino que además he aprendido nuevas perspectivas de la estética modernista y de la generación del 98. La lectura seguida de estas obras es muy recomendable.
     Un aspecto importantísimo es la idea que de España se desprende de estas obras. La España reflejada aquí no era la España del romanticismo europeo, que veía a España una especie de Argelia medio civilizada, sino que en estos libros hay una España más oscura. La imagen más oscura de la España imaginada se ve aquí como algo tangible. Es esta España caciquil, llena de sueños estúpidos, como la de crear armas militares superpoderosas cuando en Castilla la gente casi moría de hambre. Una España que soñaba con tener la iglesia más grande y hermosa, pero no tenía dinero para mantenerse en pie. Es la España corrupta, mísera que la generación del 98 quiso denunciar y retratar en sus obras. Es la España que provoca el aislamiento social de estos intelectuales, aislamiento voluntario, marginación, que a alguno (Ganivet) le provoca el suicidio. Otros se refugian en la denuncia, en actitudes revolucionarias (socialismo y anarquismo), que les lleva a estudiar la verdadera naturaleza de España y los españoles. Es un movimiento intelectual que no se inventa ahora, sino que germina de un abono romántico anterior, pero también del naturalismo hispánico más truculento. Vemos también reflejos que se escapan de la generación del 98 y que afectan a autores como Pedro Barrantes, editado últimamente por Javier Gato en Cangrejo Pistolero, o el pintor Darío de Regoyos.  La prédica anticonservadora, que no antitradicionalista, lleva estos autores a ensalzar su tierra, la tierra, pero a criticar sus habitantes, que no han sabido salir de la Edad Media decentemente.
     Precisamente, una vez terminé con Azorín me dispuse a leer la obra que Darío de Regoyos tradujo de su amigo, el escritor holandés Verhaeren, en una visita a tierras hispánicas. En esta traducción libre, donde se nota la mano de Regoyos continuamente, recorre las escenas nocturnas y oscuras de España. Viajaban de día para poder ver mejor una vez llegasen, al anochecer, los lugares. Se mezclaban con gitanos trashumantes, buscaban la fiesta más popular, la callejuela más tortuosa en busca del detalle. De este modo, en esta obra, acompañada de cuadros e ilustraciones del mismo Regoyos, se recoge la España que aparece en las obras de Azorín, Baroja o, más tarde, en la época del esperpento de Valle-Inclán.
     Tras leer estas obras me dispuse a leer las otras dos que me faltaban por leer de las cuatro publicadas en 1902. Quise empezar por la de Unamuno, un autor que he leído más que Baroja, y eso me llevó a la lectura de  Amor y pedagogía, obra de la que quizás hable por aquí. Pero esa obra me llevó a las ejemplares y su prólogo, y esa a Vida de don Quijote y Sancho y a la redacción del artículo del que he hablado. A la vez empecé Largo Lamento de Salinas, tras leerlo empecé La poesía española entre pureza y revolución (1920-1936).  Tanto el último de Unamuno como este, dedicado a un estudio de la estética vanguardista y postvanguardista están empezados. Sin embargo, Baroja sigue esperando su momento. He aquí la dificultad de elegir lectura cuando el interés es tan extenso como el horizonte de la vida y a la vez tan limitado, como el de la muerte.

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