domingo, 26 de octubre de 2014

El Horla y otros cuentos de crueldad y delirio. De Guy de Maupassant

He estado últimamente ocupado escribiendo un relato que tengo casi terminado. Además, otros menesteres me tienen mucho tiempo ocupado, y el tiempo de lectura se ha reducido en algo. Aún así, por fin puedo hablar sobre un libro.

Mi libro es como este, pero de la tercera edición.
Me gustó tanto el primero libro que leí de Maupassant, El Diablo...  ( http://alargamientocompensatorio.blogspot.com.es/2014/05/el-diablo-y-otros-cuentos-de-angustia.html)
que al poco me compré este otro. Lo he leído mucho después, como habréis comprobado, sin embargo, ha merecido la pena. Y, sin duda, leeré más antologías de sus narraciones. Y no tengo duda de que me las compraré en la editorial Valdemar.

El libro es una antología de relatos, traducidos por Mauro Armiño, pero esta vez sin introducción o prólogo. Incluye: El Horla (primera versión), El Horla, La mano disecada, Sueños, ¿Loco?, Un parricida, Suicidas, Carta encontrada en un ahogado, El miedo, La tumba, Carta de un loco, Loco, La muerta, La noche (Pesadilla), Mademoiselle Cocotte, Un caso de divorcio.

Es una colección deliciosa de relatos en los que se vuelve a trazar vivencias realistas, pero de corte demencial. Y decimos demencial en su sentido más puro, pues la mente, con sus trastornos y desvaríos, provoca esas vivencias que acaban en tragedia para la vida de las personas. Queda lejos el tema gótico de estos relatos, de Maupassant. Cuando quise leerlo consideraba que encontraría verdaderamente un desarrollo moderno del goticismo anterior, pero si ya en el otro libro no había mucho que rescatar sobre esto, en esta antología hay menos aún. Queda patente que en sus años el goticismo, conocido y aún usado como excepción, no era para nada lo que más atraía. Maupassant, como buen alumno de Flaubert, no pretende, en ningún caso, salirse de la corte realista, sino, como dijimos también, sólo darle el toque estético macabro que lo convierte, a Maupassant, en tan querido por todos aquellos que disfrutamos con este tipo de literatura de oscuridad, en este caso, la oscuridad de la razón.



Esta vez me gustaría decir unas breves palabras sobre cada uno de los relatos, evidentemente sin desvelar nada, solo tratando algún aspecto sobre los temas, por si os produce curiosidad para leerlo. Antes hay que comentar en cuanto al estilo que Maupassant gusta de escribir relatos en los que el protagonista suele ser el narrador o alguien muy cercano a este, y el tono es de confesión. A veces al narratario, otras veces a un médico o un juez. Este hecho nos introduce en el mundo de las clínicas psiquiátricas en las que el experto escucha a su cliente-paciente para intentar sonsacar las motivaciones o problemas que han causado el hecho trágico.

En cuanto a El Horla, tanto la primera versión, que recibe ese subtítulo por una cuestión de cronología, como la segunda, tratan la misma historia. La primera es una declaración a un médico, mientras que la segunda sería el diario de ese mismo ¿loco? Al final, lo que se nos relata es propio de Cuarto Milenio. (Por si alguien no conoce el programa, dejo aquí el enlace al programa, muy recomendable por otro lado: http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/)

En La mano disecada, sí aparece el tema sobrenatural, como hemos dicho más arriba, es algo excepcional, no la norma. En este caso, relacionado con el gótico de unas décadas anteriores, pues hay aparecidos y sucesos no explicables (como en el gótico más puro, por ejemplo, El castillo de Otranto).

Sueños es un relato confesión sobre los efectos de cierta droga.


¿Loco? nos transporta a las patologías sexuales y de posesión. Celos y quizás algo de zoofilia.

Un parricida no necesita mucha presentación. Pero lo importante nunca es, quién, cuándo, cómo... sino el porqué y sus implicaciones psicológicas. ¿Tendrá algo que ver el origen burgués con el refinamiento y la inteligencia? ¿Hablamos de determinismo? ¿Me lo parece a mí o la influencia de Zola es importante? Es, por otra parte, un tema muy tratado por Maupassant como pudimos ver en la otra reseña que hicimos de él con anterioridad.

En Suicidas, Maupassant nos acerca a sensaciones que supongo que no habrá sufrido cualquiera. Sensaciones y sentimientos en los que miras a tu alrededor y sólo encuentras soledad y lo que es peor, miras al pasado y descubres que nada tiene sentido, que estás inmerso en un ciclo del que no se puede salir. Que la vida es un teatro.

Carta encontrada en un ahogado es otro relato confesión en el que el amor es contemplado bajo una luz distinta a la acostumbrada. Da qué pensar y, sobre todo, siendo como es de trágica, no se aleja nada de la realidad.

El miedo es un relato que me recuerda a cierto poema de Zorrilla. Es un relato en el que se trata la gran mentira de la ciencia. Cómo la ciencia elimina monstruos de la mente de las personas, destruyendo el misterio. Sin embargo, siempre puedes encontrar ese misterio, si quieres, incluso en lo más científico, como es una enfermedad como el cólera.

La tumba es otro relato sobre un problema mental, basado en una monomanía terrible y con explicación psicológica.

Carta de un loco trata sobre todo aquello que percibimos por los sentidos y todo aquello, inmensamente mayor, que se nos queda velado. Tema relacionado con El Horla.

En el relato Loco, la lógica lleva a aceptar el asesinato y a criticar al Estado porque castiga el asesinato a no ser que sea ordenado por él mismo. Un relato bastante gore.  Quizás haya sido el que más me haya gustado.

La muerta nos transporta, al menos un poco, a lo gótico, al menos en lo estético, esqueletos que recobran vida, cementerios en la noche, tristeza a través de las tumbas... pero aquí los sobrenatural puede que no lo sea tanto. Estamos, no lo olvidemos, en la literatura realista. Aquí lo que sí es real son los miedos de las personas. El uso del cementerio como ambientación se repite también en un relato de El Diablo..., sería el relato: "Las tumbales".

La noche (Pesadilla) nos vuelve a introducir en un escenario de agobio y terror. La noche crece y te engulle. Este relato más que una confesión es un desvarío de la imaginación del narrador-protagonista, o una alucinación, o un hecho pretendidamente real aunque el final nos deja con la duda.

Madmoiselle Cocotte es un relato que nos acerca al dolor intenso y su efecto psicológico que puede causar un hecho como el que se nos narra aquí. Verdaderamente doloroso.

Finalmente, Un caso de divorcio urga en las causas patológicas de un hecho legal en el que de nuevo, como en ¿Loco?, los posibles y nunca aclarados hechos sexuales llevan hacer posible la narración.

Esto es todo en cuanto a los relatos. Espero que os haya dado ganas de leer esta antología, que me ha resultado muy interesante y muy disfrutable. Ahora empezaré con Danza de Dragones. Como sabéis no escribo sobre los libros de CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO por ser de una complejidad grande y no me gusta hacer una entrada para decir que me ha gustado o no. Quizás algún día hable de impresión eso algo relacionado con la literatura de fantasía [no entiendo esta última frase]. Pero eso, quizás otro día.

domingo, 12 de octubre de 2014

mi cultura en secundaria

Estaba leyendo el blog de un sacerdote (http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.es/) cuando en una de sus entradas, en general son todas breves e interesantes, me he encontrado con esto que cito ahora:

Cuando en la educación secundaria leíamos las vidas de los grandes prohombres romanos, la parte que más me gustaba (lo digo con toda sinceridad) no eran las batallas o las grandes gestas políticas, sino la etapa (como en el caso de Sila y de los patricios exiliados) en que uno, después de haber trabajado por la república, podía retirarse a su villa en el campo.
Al leer esto mi mente pasó a pensar en la actual educación secundaria, pues como bien dice el padre Fortea, "cuando en la eduación secundaria". En estos días en los que me ha tocado ser estudiante de un sistema educativo tan mal llevado, este contenido cultural es pobre.  Anda por otros caminos lo que se pretende enseñar, casi diría que no se pretende enseñar, sino desarrollar habilidades.



Hoy en día no se lee vidas de nadie ni se reflexiona sobre nada. El poco contenido que queda en los libros está mostrado en sus tuétanos (ni siquiera en los huesos la han dejado, más bien devorado por las hienas los tenemos), en párrafos inútiles e idiotas que sólo sirve para ser memorizados para el examen. Conocimiento volátil. Evidentemente, frente a este conocimiento inservible, se alzan voces progresistas (falsamente progresistas) que exigen que la educación es otra cosa y estos contenidos deben eliminarse. Pero eso es el presente-futuro. En mi época de secundaria, cuando el contenido era esa amalgama de datos aislados y breves, del 2000 al 2006, en la praxis no parecía notarse mucho estas corrientes anticulturales, parece algo más actual, pero no era pequeña la cruz de recibir este contenido tan mal diseñado.

En definitiva, vergüenza me produce pensar en aquella época y no tener en mente qué autor prefería, qué me atraía más del Imperio Romano, qué me hacía ensoñar en mis ratos de vigilia de lo que en clase veíamos. En otro momento hablaré de las cosas que de aquella época me atraían y me gustaban de verdad, quizás sirva para una entrada, pero por ahora baste con decir que en aquella época era lo extracurricular lo que me hacía soñar por la noche.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El monstruo, de Antonio de Hoyos y Vinent

Que toda la eternidad no valía una de aquellas espantosas
noches de voluptuosidad en que la carne era inmensa
y tenía el secreto del supremo olvido, porque tenía
el secreto del supremo goce.
El monstruo, Antonio de Hoyos y Vinent

El monstruo, primera vez 1915. Mi ejemplar es de 1927

mi libro

La novela que quiero comentar aquí cuenta un descenso continuo a los infiernos de su protagonista, Helena. La protagonista es una especie de reina acompañada siempre de sus prosélitos, un grupo extravagante de vividores de laxa moral. Su vida es un pozo lleno de iniciativas lascivas que no deja indiferente al lector, como tampoco a algunos de sus seguidores.

A diferencia de otras entradas, en este caso, sí voy a entrar un poco más en la historia, pero no creo que sea tan importante lo que diga como para que no podáis leerla después y disfrutarla como si no supierais nada de ella.

Es un libro que podríamos llamar postmodernista, con una prosa recargada de adjetivaciones y descripciones voluptuosas, en las que los adjetivos más perturbadores se hacen reyes de la descripción, fijando la mirada, la atención, en lo grotesco, o buscándolo y encontrándolo cuando parece a priori que no lo hay. Un ejemplo, y podrían ser miles, es la siguiente descripción, quizás no la más retorcida:
Del zócalo de malaquita verde partían las lacas amarillas historiadas de rampantes dragones de oro y raros pajarracos. Formando friso, los monos orlaban el techo y extendíanse por la bóveda. Eran bestezuelas negras, atrozmente lúbricas, que se enlazaban con las más imprevistas y obscenas combinaciones, retorcíanse, descoyuntaban, convertidas en demonios burlescos e indecentes que reproducían atroces escenas de amor con esa prolija minuciosidad que pusieron los viejos chinos en interpretar los lances de la vida sexual. Las ventanas abiertas de par en par dejaban ver los sombríos árboles del jardín, destacando sus quiméricas siluetas de templos, minaretes, palacios, aves, peces o basiliscos sobre el cielo de una luminosidad de zafiro. (Comienzo del capítulo 2, de la segunda parte).
Si de algo podemos quejarnos en cuanto al estilo modernista y decadente del autor, es el abuso de ciertas formas y sintagmas que crean una sensación de prosa no cuidada. La repetición de adjetivos como atrabiliario o sustantivos como vesania en pocas líneas crea esa sensación de excesivo refinamiento en la prosa que provoca cierto rechazo. Incluso, a veces, usando mal estos términos. Algunas construcciones que parecen no tener sentido o la sustantivación de otros sintagmas difíciles de sustantivar (por ejemplo: un a modo de desdoblamiento espiritual que le hacía contemplar) redundan en este sentimiento. Pero la lectura de la exquisita composición, llena de francesismos, aristocráticas imágenes y desprecios hacia la burguesía, sus descripciones al más puro estilo rubendariniano, provoca en el lector afín un sinfín de pequeños placeres estéticos que le impide abandonar la lectura.

Otra característica es su estructura interna, en la que cada capítulo está dominado por la descripción, y en el que la acción es mínima y con la misión de enriquecer las descripciones. La acción principal está más en lo que no se narra, centrándose la novela en los detalles.

El autor, en 1885
En la primera parte, lo exótico no es lo que hay, sino lo que se quiere aparentar en la vida de los personajes. Son los personajes mismos que aparecen en lugares no tan exóticos. Negros y moros en los bajos fondos, una ciudad portuaria. Pastiches orientalizantes en construcciones occidentales. Nada es verdad o sincero en estos escenarios, no más que las insinuaciones de los personajes, sus pasiones malditas y su hechos oprobiosos para ellos mismos. En el fondo, no sabemos qué hay detrás de la cortina que cada personaje posee delante de su alma, excepto en un caso, el de la protagonista. Heroína que ante todo enemigo de su alma se alza, reina de su ser y de su decaimiento.

La segunda parte comienza con un capítulo que es el arquetipo del modernismo decadentista. Ahora el modernismo ya no está en lo referido, sino en la realidad que se empieza a vivir. Marcelo llega al palacio chino en el que vive Helena después de haber sido desterrado de la vida de ella y las descripciones, preciosistas y precisas del entorno, nos va introduciendo en un mundo exótico de color propio de un poema rubendariniano.

Técnicamente, en este primer capítulo, utiliza una descripción dinámica, en la que se nos cuenta lo que va viendo el personaje desde que empieza a acercarse al palacio hasta que está en la última sala del mismo. De lo grande a lo más pequeño. Del paisaje enorme en un crepúsculo dorado hasta la habitación pequeña, en penumbra, olorosa y, si me apuráis, hasta la cama en la que se encuentra Helena, terriblemente afectada por la enfermedad.

Dijimos que esta novela es una descenso a los infiernos de su protagonista, Helena. En esta segund aparte, provocado por la enfermedad, su descenso a los infiernos es sinónimo a un acercamiento esquizofrénico a Jesucristo y al martirio tradicional (lo cual, por otra parte, nos recuerda a Ana Ozores). Se convierte al cristianismo de un modo moral y actúa sirviendo a los que, como ella, sufren de la enfermedad. Es muy interesante el cambio que en el narrador se produce a la hora de tratar a este personaje. Este cambio moral en ella hace que el narrador deje de compararla con los personajes femeninos libidinosos del Antiguo Testamento (recuerdo a Salomé, por ejemplo), para compararla con santas mártires del catolicismo. Esto ocurre a la vez que toda la magnificencia y fantasía del lugar en el que se encuentra, paraíso terrenal y pagano, acaba convirtiéndose en un lugar lleno de podredumbre y fealdad, como símbolo externo del cambio interno de la protagonista. Sin embargo, también es símbolo de la realidad de la protagonista, ya que la conversión no deja de ser ambigua. Su pasado sigue luchando con el revestimiento de renuncia y sufrimiento (visión nietzscheana del cristianismo) por el que ha optado en la enfermedad y debilidad moral la protagonista. Este cambio, no deja de ser un paso más hacia el centro mismo del infierno que ocurre al final de la novelita.

Y es que, finalmente, en su lucha interior, acaba venciendo su pasado, lo que siempre fue y será. Acompañado este descenso moral , cada vez más terrible, más cruel con un descenso real. Un descenso en el que Helena, despojada de su falso cristianismo, viaja entre fuegos y rituales orgiásticos de sangre y sexo a través de la ciudad, asaltada por una marabunta infernal de piratas, hasta llegar al epicentro de la religiosidad oriental: a una pagoda. Allí se consuma el terrible hecho del malditismo: la profanación de lo sagrado, con un Buda desterrado y suplantado por una deidad fálica, mientras que la protagonista sufre las pasiones lascivas del dicho dios. Este hecho, como revulsivo, le lleva a convertirse ella misma en la marcadora del destino de los demás. Su relación con Marcelo, siempre cruel, acaba siendo el fundamento de la caída de él. Ella, como diablo liberado de cadenas cualesquiera, arrastra consigo al infortunio a aquellos que la rodean y la quieren. 

En definitiva, es una novelita atractiva, interesante, atrevida para la época en la que se publicó. Para aquellos que nos gusta leer literatura en que lo grotesco y lo mágico se funden, esta novela es un buen pasatiempo. Nada exigente para alguien que haya leído lo más básico de la literatura modernista en español.

viernes, 3 de octubre de 2014

Fútbol gaélico

No tiene nada que ver con lo que suelo poner, pero me apetecía que viérais un poco de este deporte, en el que participa mi collega Barroso.

http://www.irishtv.ie/seville/