domingo, 24 de abril de 2016

Alberto Royo: «La escuela no está para hacer felices a los niños, sino para formalos»

Mientras encuentro un rato entre los de estudio para escribiros un nuevo artículo sobre el uso sexista del masculino, y alguna cosa más que estoy pensando, como un comentario sobre Valle-Inclán, os dejo con una entrevista aparecida en el ABC de Sevilla muy interesante.

http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-alberto-royo-escuela-no-esta-para-hacer-felices-ninos-sino-para-formalos-201604240827_noticia.html


M. J.PEREIRA@mjesuspereira Sevilla - 24/04/2016 a las 08:27:28h. - Act. a las 08:27:41h.Alberto Royo (Zaragoza, 1973), titulado superior en guitarra clásica y con varios premios en certámenes internacionales, se define como «un músico que además enseña», ya que compagina la docencia con actuaciones como guitarrista. Licenciado en Historia y Ciencias de la Música, ha impartido clase en escuelas de música, conservatorios y desde 2002 en un Instituto de Educación Secundaria de Pamplona. «No llegué a la enseñanza de forma vocacional pero descubrí que me gustaba mucho», admite Royo, que este fin de semana ha estado en Sevilla para participar en el IES San Isidoro en una conferencia sobre «Educar o enseñar», así como para presentar en una librería sevillana su libro «Contra la nueva educación».

-¿Qué lleva a un profesor de Música como usted a escribir un libro en contra de la nueva educación?
-Lo que he hecho en el libro es poner por escrito todo lo que pensaba sobre la educación en España, mis experiencias en clase... Yo tengo una idea sobre la educación que no es la hegemónica, no es la más popular y apenas aparece en los medios de comunicación. En materia de educación hoy se habla de empatía, felicidad, bilingüismo, emprendimiento, nuevas tecnologías... y se han dejado atrás conceptos como la disciplina, el esfuerzo, la atención... que son ideas que no pueden estar obsoletas porque son atemporales. El problema es que en los medios de comunicación hablan sobre educación muchos expertos que no son docentes. Las ideas de mi libro las comparten muchos profesores de a pie, aunque no sean compartidas por políticos o expertos.
-¿Qué le parecen los nuevos métodos de enseñanza alternativos, como Kumon, Montessori, Waldorf, Doman..?
-Son sistemas alternativos pero no nuevos. De hecho, son bastantes antiguos. Los métodos no son buenos ni malos, dependen del profesor, del tipo de alumnos, del contexto. Lo importante es que cada profesor elija el método que logre que sus alumnos aprendan. Yo soy de los que pienso que no se puede imponer una única metodología educativa. Es imposible que todos los profesores coincidan porque cada maestrillo tiene su librillo, su manera de enseñar. No hay profesores innovadores y tradicionales. Hay profesores buenos y profesores malos, como en cualquier oficio. No se trata de imponer una metodología y exigir al profesor que sea innovador. Pues bien, hay profesores innovadores muy malos y profesores tradicionales muy buenos, y al contrario también. Lo que hay que pedir al profesor es que sea un erudito en su materia porque cuanto más conocimiento tenga, mejor enseñará; y después es importante que el profesor ame y se apasione con su asignatura porque si no es muy difícil contagiar entusiasmo.
-¿Cuál es para usted el país con un mejor sistema educativo?
-Es difícil de saber porque Finlandia ha sido siempre el paraíso y, sin embargo, va cada vez a peor. Ahora están en agua sistemas educativos de países orientales, donde por razones sociales tienen una manera diferente de concebir el trabajo y el esfuerzo individual. También hay que tener en cuenta que en España hay diferencias importantes. Por ejemplo, Soria tiene un nivel educativo alto en comparación con el resto del país.
-¿Es una cuestión de inversión en educación?
-La financiación es importante pero no es lo fundamental. Un sistema educativo que no esté bien concebido no pasará de malo a bueno o de mediocre a excelente porque le metas más dinero.
-¿Los nuevos métodos pedagógicos están relegando el conocimiento y la cultura?
-Hay que apartar aquellas novedades pedagógicas y metodológicas que son más bien excentricidades. Las metodologías hay que contrastarlas en clase, desterrar lo que no funciona y reforzar lo que marcha bien. Hay apuestas arriesgadas, como el coaching educativo, que es una especie de entrenamiento personal que en el fondo lo que hace es evitar que el alumno afronte los obstáculos. Muchas veces se dice de que la educación no puede ser una carrera de obstáculos y yo creo que sí tiene que serlo porque la vida es una carrera de obstáculos y qué mejor que se entrenen en la escuela. Hoy los críos no saben gestionar el fracaso y fracasos habrá porque son inevitables. El objeto de la escuela no debe ser que los alumnos sean felices, sino que se formen. Y eso es compatible con que ese aprendizaje les pueda dar un disfrute que no va a ser inmediato ni accesible a la primera. Todas esas corrientes que hablan de la felicidad terminan vendiendo que todo ha de ser lúdico y placentero, cuando el conocimiento es placentero pero no de inmediato. Lo valioso del conocimiento es que no es accesible a la primera, que cuesta un esfuerzo, que hay que salvar obstáculos para acceder a él.
-¿Qué ha sido peor: La Logse o los nuevos métodos educativos?
-Desde luego, la Logse fue un punto de inflexión porque rebajó los contenidos y las exigencias de una manera bárbara pensando que todos podrían llegar a un punto, cuando de lo que se trata es que todos puedan llegar lo más lejos que su capacidad y esfuerzo le permiten. Un sistema educativo tiene que ser exigente por definición porque la vida es exigencia.
-¿Apoya la promoción automática de estudiantes con suspensos?
-Yo diría que la promoción automática ha sido uno de los errores más graves que se han cometido en el sistema educativo español. Se pensó que con ella los alumnos iban a estar más cómodos pero al final el problema que tiene un alumno con un montón de suspensos es que está absolutamente desorientado y no sólo él no progresará, sino que impedirá que lo hagan otros alumnos.
-¿Debería anularse los aprobados de despacho?
-Claro porque eso supone en el fondo una falta de respeto a la autoridad profesional del profesor. Andalucía es pionera en los aprobados de despacho. Los profesores sienten la presión de aprobar a ciertos alumnos. ¡Pero si hay padres que reclaman cuando sus hijos han sacado un 1 en un examen! Con un 4,5 podemos entrar a discutir, pero con un 1...
-Richard Gerver, autor de «Crear hoy la escuela del mañana», defiende un cambio en el método de enseñanza para preparar a los niños para los retos del futuro. ¿Está de acuerdo con él?
-Es que no entiendo eso de los retos de hoy y del mañana. Siempre escuchamos que los tiempos son cambiantes y si son tan cambiantes necesitamos saberes permanentes
-Gerver piensa que los deberes son una pérdida de tiempo y hace más daño que bien.
-No tiene sentido decir eso. Lo que hace daño son unos deberes mal planteados y excesivos. Los deberes son buenos cuando son un refuerzo de lo que se ha visto en clase. También sucede que hay padres que se quejan de los deberes pero es que sus hijos están apuntados a treinta extraescolares y no tienen tiempo para los deberes.
-Hay quien plantea otro método para medir los conocimientos diferente a los exámenes
-Eso ya se hace porque el profesor hace una evaluación continua. El examen no es todo pero sí es una herramienta porque el profesor tiene que saber de alguna manera si él está acertando con la estrategia didáctica y si sus alumnos le están comprendiendo. No encuentro sentido eliminar los exámenes porque son buenos para los alumnos y los profesores.
-¿Sin esfuerzo, disciplina y constancia es posible adquirir conocimientos?
-Mi experiencia me dice que no, salvo que seas un genio. Hay quien dice que todos los alumnos tienen el potencial de ser genios pero decir eso es una estafa. Todos los alumnos no tienen talento porque éste no se reparte un día de forma equitativa. De lo que se trata es de que los alumnos desarrollen al máximo sus capacidades, sabiendo que todos podrán llegar al mismo punto
-¿Están perdiendo capacidad de memorizar los niños?
-Claro. Hoy en día se sigue diciendo que se memoriza en exceso en la escuela cuando es falso. Y ya se sabe que si no se ejercita la memoria se pierde. Y sin embargo estamos muy concienciados con la enfermedad del Alzheimer, lo cual es una contradicción. Por otra parte, se puede memorizar entendiendo lo que se memoriza
-Muchos niños perciben el colegio como una cárcel. ¿Ha sido así siempre?
-Eso ha sido siempre así. ¿Le gustaba a usted ir al colegio? Si le gustaba era excepcional. Los niños van descontentos al colegio, pero eso ha sido siempre así y seguirá así porque prefieren estar jugando. Aunque le pongamos un ambiente chill out en el colegio siempre van a preferir no ir si le das la opción de no ir.
-Ahora se imponen las tabletas. El conocimiento virtual... y el profesor parece cada vez más arrinconado.
-Cada vez hay más expertos que están alertando del uso temprano de este tipo de tecnología en niños pequeños porque después tienen un problema grande para mantener la atención por un exceso de estímulos. Además, detrás de eso hay también un tema económico, de fomento del consumo.
-Ahora el profesor tiene que educar al niño, enseñarle a ser emprendedor, intentar que sea feliz y darle educación emocional al alumno. ¿Los profesores tienen que educar al mismo tiempo que enseñar?
-Se le pide al profesor que sea empático, emocional y afectivo y, por otro lado, se nos dice que se nos puede sustituir con las nuevas tecnologías, lo cual es una contradicción. A mí no me molesta que me llamen educador porque creo que el conocimiento es un valor tan importante que también es educación. Lo que sí creo es que hay que repartir bien la tarea de educar porque si una de las dos partes asume todo es que algo no marcha bien. El profesor puede reforzar la educación pero ésta tiene que iniciarse en la casa.
-Los niños cada vez se expresan peor y escriben con más faltas de ortografía y peor sintaxis. ¿Habría que poner pie en pared?
-Sí si queremos que se expresen correctamente y no si queremos que estén cómodos y felices. Es que estamos perdiendo el Norte y el Sur. Es que ya no sabemos muchas veces a qué van nuestros hijos a la escuela. Yo mando al cole a mis hijos a que aprendan, no para que sean felices.
-En España seguimos sin lograr un pacto por la educación.
-El problema grave no es que no haya un pacto educativo. El problema es que no parece haber un partido con ideas sensatas en educación. Los partidos de derecha enseguida introducen en las leyes de educación todas las ideas del mercado, la rentabilidad, la empleabilidad y se obsesionan con todo lo que tenga una connotación económico. Los partidos de izquierda confunden un elitismo bien entendido con el clasismo. Yo quiero que el que llegue más lejos socialmente sea el que más lo merezca, el que esté mejor preparado y que además lo logre de manera honrada, independiente de que parta de una situación favorable o desfavorable.
-Al exministro de Cultura José Ignacio Wert le llovieron palos con su reforma educativa. ¿Los merecía?
-Fueron merecidos porque la Lomce no era una buena Ley, no entraba a solucionar los defectos de fondo de la Logse y no apostaba de verdad por la excelencia, el conocimiento...
-¿No apoya las reválidas que introduce la Lomce al finalizar la Primaria, Secundaria y Bachillerato?
-Me parecen bien las pruebas externas si están bien. No hay que tener miedo a evaluar el sistema y los alumnos. Eso, y la posibilidad de elegir antes los itinerarios educativos, fueron las dos mejores ideas de la Lomce.
-La Junta de Andalucía no es partidaria de aplicar la reválida en Primaria
-Los principales perjudicados son los alumnos y los profesores, que no saben qué ocurrirá. No tiene sentido que en cada comunidad se haga una cosa y por eso los partidos debería intentar ponerse de acuerdo por responsabilidad.

martes, 5 de abril de 2016

¿Estamos mermando el vocabulario de los niños?

Aunque no coincide el problema exactamente con las edades a las que yo espero dedicarme en no mucho tiempo, las consecuencias se dejarán sentir plenamente en la educación secundaria ypor tanto, las sufriré y deberé enmendarlas en mi labor docente futura. Hablo de la pobreza de vocabulario de los niños y jóvenes. Os dejo un artículo sobre dicho problema y lo añado a la página de didactismo.

http://www.yorokobu.es/vocabulario-ninos/

¿Estamos mermando el vocabulario de los niños?


«Los niños se han quedado sin palabras». La frase suena rotunda pero es la mejor forma que a Nuria Pérez Paredes se le ocurre para resumir la conclusión a la que llegó tras el hallazgo de una de sus hijas.Aquella frase («No adoptes ese aire tan solemne») en el libro de Enid Blyton que la propia Nuria leía de pequeña había mutado a una mucho más liviana («No pongas esa cara tan será») en la nueva versión que ahora leen sus hijas. ¿Por qué? ¿Es que los niños de ahora serían incapaces de entender la original?

Para la escritora Ellen Duthie, la conclusión a la que llega Nuria guarda relación con la tendencia a entontecer («o lo que en inglés llamamos dumbing downd») que detecta tanto en los contenidos audiovisuales como en los escritos dirigidos a niños. «Incluso en las interlocuciones que tenemos con ellos. Los perros son “guau guau”, los caballos son “totón” y los coches son “brum brum” durante demasiado tiempo. Se les habla con voz de pito y condescendiente, se les dice que son muy monos o repelentes, -dependiendo de si son tus hijos o los hijos de otros- cuando usan un vocabulario rico y variado».

De hecho, en ese proceso de entontecimiento no está exenta la población adulta, ni mucho menos. «En la televisión (también la que va dirigida a adultos) todo tiene que ir “picadito”, con interrupciones cada cinco minutos, no vaya a ser que no podamos concentrarnos durante más tiempo seguido, el vocabulario es reducido y desaparecieron los programas culturales o se relegaron a horarios imposibles de madrugada. En la prensa escrita el vocabulario no es mucho mejor, y cada vez cuesta más encontrar análisis profundos, información contrastada, o reportajes que tengan en cuenta la complejidad de la realidad y las distintas perspectivas de un mismo fenómeno».
El neoliberalismo está ganando todas las batallas. Necesita mano de obra excedente, barata, dócil y profundamente inculta. Y en esa batalla estamos pequeños grupos de “resistentes” que queremos combatir tan profunda injusticia

El poeta y escritor Antonio Rubio coincide en el análisis. «Hay una merma importante en la calidad de los programas de TV. Abunda la bazofia y lo comercial tanto en la oferta que se dirige a los niños como en la de los adultos. Y el uso de las nuevas tecnologías suele ser poco cultural. Se limita a ‘matar marcianitos’ o a hacerse selfies y enviar mensajes casi balbuceantes o crípticos».
La literatura infantil la cosa no pinta mucho mejor. «Existen magníficas editoriales para niños que producen libros de altísima calidad. Suelen ser apuestas de editores muy especiales y comprometidos. Pero junto a ellas conviven las grandes editoras tradicionales que tienen más inclinación a explotar productos de marketing y best-sellers». Entre estas últimos, Rubio destaca las colecciones de cuentos clásicos que, de vez en cuando, ofrece la prensa diaria y que, en su opinión, «rozan el mal gusto de la estética y las adaptaciones».

Su análisis, dice, no se entendería si omitimos la perspectiva ideológica: «El neoliberalismo está ganando todas las batallas. Necesita mano de obra excedente, barata, dócil y profundamente inculta. Y en esa batalla estamos pequeños grupos de “resistentes” que queremos combatir tan profunda injusticia».

Cristina Felio (editora de Timun Mas), en cambio, cree que el hecho de que en las publicaciones para niños pueda detectarse cierta merma en el vocabulario responde a una cuestión mucho más práctica: «Lo que, en mi opinión, sí está ocurriendo es que los intereses de los lectores están variando con el tiempo. Novelas que en su día fueron escritas para un lector de más de 12 años, ya no interesan tanto a los lectores actuales de esas edades, sino a lectores menores. De ahí la necesidad de adaptar el lenguaje».

Si no se entiende, mejor no

Rosa Tabernero, escritora y profesora en la Universidad de Zaragoza, observa que junto a las propuestas de calidad «que nace de la confianza en las capacidades del niño, en una línea menos didáctica y que implica un reto para el lector», conviven aquellas que priorizan el que el niño entiendan todas las palabras. Por desgracia, asegura, son las más frecuentes en las aulas.
«Se elimina, de esta manera, el poder del lenguaje de sugerir, de connotar y el reto que debe esconder cualquier propuesta. El Gallimatazo del que habla Alicia debe estar siempre presente en el acercamiento del niño al lenguaje. El reto de la construcción de sentidos. El no saber e imaginar qué será».
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Jabberwocky o Gallimatazo, ilustrado por John Tenniel

Ante el temor de que el niño se frustre por no entender una palabra y abandone la lectura, el escritor y/o la editorial opta por sinónimos más del día a día. El algunos casos, de forma totalmente transparente e, incluso un tanto irónica, como ocurre en este ejemplo extraído de uno de los libros de El Capitán Calzoncillos:
Capitán Calzoncillos
Que el pequeño lector se asuste o se aburra ante un aluvión de palabras seguidas es lo que ha llevado a numerosas editoriales a proponer nuevas fórmulas como los juegos tipográficos en algunas de sus sagas más exitosas. Un recurso que quizás pueda servir para enganchar a los niños al hábito de la lectura pero del que Antonio Rubio no es partidario: «Surgen para “aliviar las dificultades lectoras” al “pobre niño” y que en realidad son depauperadores de léxico».

Tabernero, en cambio, cree que los nuevos géneros como el álbum ilustrado implican una nueva forma de leer al construirse el discurso mediante imágenes y palabras: « Son más complejos y requieren un lector colaborador atento a lo que el libro propone desde los dos códigos y desde el propio soporte. Se trata de un reto constante para el lector»

Los libros no son los únicos “culpables”

Al igual que Nuria Pérez Paredes, Ellen ¿? Tiene claro que la tendencia a simplificar y a evitar palabras demasiado complejas es un hecho tanto en España como en la literatura infantil de otros países.

«Si vemos, por ejemplo, en Estados Unidos, los álbumes clásicos de los 60 y 70 y comparamos el vocabulario con los libros que se publican ahora, la diferencia es evidente. A un William Steig (el autor de Shrek! y de muchísimos otros libros maravillosos) no le dejarían publicar ahora sus fantásticas historias repletas de ese vocabulario increíble. Tomi Ungerer y Sendak se toparían con un problema muy parecido».

No obstante, cree que el ejemplo que utiliza Nuria no es, quizás, el más ilustrativo: «En un diálogo -y esto lo digo como traductora- “No adoptes ese semblante tan solemne” es una traducción mucho peor que “No pongas esa cara tan seria”». Esto es consecuencia, según explica, de un tipo de traducción muy frecuente que obedecía una regla un tanto peculiar: en caso de duda siempre se usaba la palabra menos habitual o pretendidamente culta porque se entendía que en eso consistía escribir bien. Esta tradición de mala traducción hizo que nunca se pegara una patada a nadie, sino que siempre se propinara un puntapié; que nunca se esperara, siempre se aguardara; que nunca se diera, siempre se proporcionara u ofreciera. No siempre el vocabulario percibido como más elevado es el más apropiado ni el mejor».

No se trata tanto de usar «mucho vocabulario» como de «usar bien el que se emplea». La lectura en voz alta y la conversación en el hogar y en la escuela facilitan, según Dothie, la consecución de este objetivo.

Y eso es algo que, precisamente, no suele practicarse todo lo necesario, ni el aula ni en casa. «La mayoría de las familias disponen de menos tiempo y eso se nota en la comunicación. Han desaparecido los tiempo de conversación: comidas, paseos, veladas nocturnas… Los niños no juegan tanto en la calle, aquellos espacios en los que al juego socializador se añadían fórmulas poéticas y cantos se han sustituido por tiempos de soledad y espacios cerrados…».

A esto, Antonio Rubio añade el desuso de las bibliotecas escolares. «A cambio sí hay muchos deberes, urgencia de completar los currículos y muchas extraescolares, otro tipo de hiperconsumo con el único objetivo de tener al niño ocupado y falsamente acompañado».

El resultado es la pérdida de tiempo para los aprendizajes: «Se devoran tareas pero no hay pausas, no hay tiempos para asambleas, exposiciones, conversación, discusiones, razonamientos… Los métodos siguen siendo arcaicos y solo sirven para fabricar loritos».

El panorama se repite en el ámbito familiar. Por eso Ellen Duthie alaba campañas como la que hace unos años llevó a cabo el gobierno escocés: «Se llamaba Play, Talk, Read (Juega, Habla, Lee) y lo que buscaba era animar a padres, madres, abuelos y demás cuidadores a hablar, jugar y leer con niños. A Duthie , dice, le llamó la atención sobre todo un spot sobre la importancia de hablar con tu bebé».




«Es fácil asumir que jugar con los hijos es algo instintivo. Pero ahora muchas madres y padres tienen muy poca experiencia con bebés antes de llevarse el suyo a casa del hospital. Y nuestras ajetreadas vidas hacen que los adultos nos sintamos sobrepasados y muy cansados. Por eso muchas veces dejamos que del tiempo para jugar se ocupe la televisión o la tablet. Esta campaña proporciona a padres unas herramientas esenciales, y les aporta la seguridad y el conocimiento para jugar de manera enriquecedora con sus pequeños», explicaba la Presidenta de la Comisión para el Juego Infantil del Gobierno de Escocia, Sue Palmer, en el lanzamiento de la campaña.

viernes, 1 de abril de 2016

la pedagogía del opresor.

Os dejo un artículo muy bueno sobre la educación basada en competencias. Una crítica aguda, quizás incompleta, pero sin duda, no carente de razón. Las competencias como producto de la presión del capitalismo sobre la educación. Ahí es nada.

Fuente: http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/10566

Por Olmedo Beluche

A los docentes que aún no comprenden la lógica subyacente a la “educación por competencias”, les recomiendo el artículo “Educando para el fracaso” (Opinión, La Prensa), del ingeniero Juan Planells, quien lleva muchos años trabajando el tema educativo desde las perspectivas del sector empresarial. Planells va directo al grano: “¡Que se sepa: sacar buenas calificaciones no garantiza que al terminar sus estudios el graduado tenga un trabajo asegurado!“.
Todos sabemos que un título no garantiza automáticamente el empleo, pero lo novedoso del planteamiento de Planells, y lo que es el centro de las competencias, es que lo importante para las empresas no son los conocimientos adquiridos, sino las actitudes del trabajador.
Veamos: “Hoy, lo primero que hace la empresa cuando evalúa un candidato, incluso antes de considerar sus competencias laborales, es revisar cuáles son sus valores. Los departamentos de personal someten a los aspirantes a las vacantes a una serie de pruebas que muestren su comportamientos frente a diferentes situaciones emocionales críticas, para ver si las aptitudes que presentan en su historial estudiantil fueron adquiridas sobre la base de actitudes frente a la vida que le den un claro objetivo de desarrollo personal y social sano“.
¿Qué evalúan lo departamentos de recursos humanos de las empresas en esas pruebas? “Estos exámenes evalúan aspectos como el autocontrol, independencia, agresividad, dinamismo, liderazgo, así como prioridades y motivaciones, entre otras llamadas competencias no cognitivas o emocionales“, dice Planells.
Mucho más claro todavía: “La escuela parece no haber entendido ese mensaje y sigue apostando a evaluar seriamente solo las competencias cognitivas, asignando calificaciones y otorgando créditos y honores a los que mejor puntaje obtienen en una larga serie de asignaturas… La calificación de las actitudes o valores no aparece en las páginas amarillas de la escuela…”.
De eso se trata, la educación por competencias nace desde el seno del sector empresarial y es impulsada por los organismos que regentan el sistema capitalista internacional, entre ellos el Banco Mundial, en función de aumentar la “eficiencia” y “productividad” de los trabajadores en tiempos de crisis del sistema, o sea, aumentar la explotación del trabajo.
En busca de esos objetivos, los conocimientos técnicos o especializados ya no son tan importantes, por un lado, porque pasan a ser controlados por una élite mundial cada vez más estrecha; por otro, porque los procesos de trabajo son tan genéricos que no requieren más que una base elemental y capacidad para aprender trabajando. Lo que Carlos Marx llamaba “trabajo abstracto” que remplaza al “trabajo concreto”. El “arte” o capacidad personal del trabajador cada vez importa menos, porque los procesos de trabajo permiten que cualquiera pueda ser reemplazado.
La idea es que hay que iniciar desde la formación temprana de los trabajadores cuando aún son niños o jóvenes. Para ello, los énfasis de la educación deben cambiar, ya no interesa tanto el aprendizaje en sí, es decir, los conocimientos técnicos o profesionales, sino las actitudes. Porque la empresa privada lo que pide a la escuela es que le entregue personal dócil y maleable, capaz de afrontar situaciones críticas sin rebelarse.
Según la teoría de las competencias, el énfasis de la educación y la evaluación debe pasar del conocimiento a las actitudes. A eso responden los cuatro postulados básicos de la educación por competencias: a. Saber ser (actitudes); b. Saber hacer (no tanto como técnica, sino también actitudinal, trabajar en equipo, etc); c. Saber comunicar (relación con los demás); d. Saber-saber (aquí tampoco interesa el conocimiento técnico o especialista, sino la actitud para la autoformación permanente).
Esos cuatro postulados son divididos en tres niveles al momento del diseño del currículo, ya sea por materias o para toda una carrera o nivel educativo(Programas Analíticos por Competencias): a.Competencias básicas (énfasis en las comunicativas); b. Competencias genéricas (con énfasis en los valores y actitudes); c. Competencias específicas (que tampoco son los conocimiento técnicos tradicionales, o “saberes muertos” como le llaman, sino que están referidas a un modelo general impuesto desde la Unión Europea llamado “Competencias Tunning”, que se refieren a capacidad análisis y síntesis, de resolver problemas, adaptación, etc.).
Planells tiene razón, los educadores “viejos”, que fuimos formados en el modelo constructivista, ponemos el énfasis de la evaluación en la capacidad del estudiante por aprender las bases de la ciencia o la técnica que estemos enseñando. De manera que una ínfima parte de la evaluación, tratando de ser objetivos pero también de estimular al estudiante, es la apreciación, con la que evaluamos las actitudes.
Los empresarios no quieren eso, y tampoco es el objetivo de las “competencias”, para ellos es al revés: el centro de la evaluación son las actitudes, si el estudiante aprende el fondo, no interesa. Por ejemplo, sobre la estructura de la célula, importa más si el estudiante usó “data-show”, si trabajó en grupo, si tiene una personalidad comunicativa, a si en verdad comprendió la esencia del asunto.
La pedagogía constructivista, basada en los descubrimientos de Piaget, se trataba de buscar técnicas participativas para que el estudiantes construyeran un conocimiento real sobre el mundo y comprendieran a cabalidad los proceso implicados en su profesión.  Pero conocer implica comprender, no memorizar o repetir. Conocer y comprender implican la capacidad de realizar juicios críticos.
Paulo Freire desarrolló su “pedagogía del oprimido” sobre la base del constructivismo, para alfabetizar adultos de sectores marginales de Brasil, relacionando las palabras con el mundo que vivían, haciendo del alfabeto un instrumento para reflexionar sobre su realidad concreta y proclamarla a la sociedad. A decir de Ernani María Fiori, el método de Freire “no enseña a repetir palabras”, sino a decodificarlas críticamente, para “decir y escribir su mundo, su pensamiento, para contar su historia”.
Tanto los intereses empresariales, como la educación por competencias, no les interesa que el estudiante “sepa”, que conozca, y menos aún que “comprenda críticamente”. Alguien puede alegar: ¿Acaso es malo evaluar los valores y las actitudes? ¿Acaso no debemos fomentar la colaboración, el trabajo en grupo, las capacidades comunicativas? No es malo. Siempre han sido parte del proceso educativo.
El problema es que para Planells, para las empresas y para las “competencias”, los valores y actitudes que desean promover están en función del sometimiento dócil a la voluntad del empresariado. En ese esquema la capacidad “crítica”, es decir, reflexiva y comprensiva, no interesa. Y, aunque se habla de promover el “diálogo” se condena la lucha cívica por los derechos, de la cual el estudiantado de todas las generaciones ha aportado a la sociedad.
Planells dice: “Los encargados de recursos humanos deben explicarle a los educadores que por encima de tener puntuación de cinco en matemáticas y lengua, un joven que no pueda sustentar sus ideas en un diálogo y escoge la vía violenta en las calles está condenado al fracaso social...”. ¿Son “fracasados sociales” los jóvenes que el 9 de Enero de 1964 se lanzaron a la calle para plantar una bandera? Gracias a ellos, todos podemos pasear por el canal, recibir sus beneficios económicos y, algunos empresarios aumentar su pecunio con las “áreas revertidas”.
El objetivo de esta “pedagogía de los opresores”, es un estudiante dócil y manipulable, por ello las primeras víctimas son las materias que ayudan a reflexionar sobre la realidad social, que el empresariado no quiere que se sigan impartiendo: filosofía, historia, sociología. Según la lógica de las competencias los  contenidos de esos cursos son “saberes muertos”, sin utilidad para la vida práctica. Para la “vida práctica”, según esa pedagogía de los opresores, interesa más que el estudiante sepa inglés y manejar una computadora que rudimentos de lógica o la historia de su país.
A la larga, también serán devaluados los títulos académicos o tendrán validez temporal, en un mundo capitalista que impone la precariedad laboral a los trabajadores. Desde la lógica de “las competencias”, a mediano plazo, será irrelevante si el título dice profesor, sociólogo o economista, después que el titulado tanga buena actitud para adaptarse a la voluntad de la empresa.
Al final, la educación también es un campo de batalla de la lucha de clases. Es un campo de batalla ideológico. Los educadores debemos ser concientes de que el ataque que se sufre en los derechos laborales, en las campañas de desprestigio contra nuestros gremios y dirigentes, en la inestabilidad laboral, son parte de un nuevo modelo educativo que responde a la “pedagogía que conviene a los opresores”, la de “las competencias”.
Como dice Ernani M. Fiori: “En un régimen de dominación de conciencias, en que los que más trabajan menos pueden decir su palabra, y en que inmensas multitudes ni siquiera tienen condiciones para trabajar, los dominadores mantienen el monopolio de la palabra,  con que mistifican, masifican y dominan. En esa situación, los dominados, para decir su palabra, tienen que luchar para tomarla. Aprender a tomarla de los que la retienen y niegan a los demás, es un difícil pero imprescindible aprendizaje: es ‘la pedagogía del oprimido’“.